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Hoy se celebra la festividad de San Ivo, patrono de los abogados

Nacido en la Bretaña francesa, cursó estudios jurídicos y canónicos. Sacerdote y juez, el llamado "abogado de los pobres" falleció tal día como hoy de 1303

El 19 de mayo se celebra la festividad de San Ivo, patrono de los abogados y autor de uno de los primeros códigos éticos de la profesión, algunas de cuyas normas figuran en el Código Deontológico del Consejo de los Colegios de Abogados de la Comunidad Europea.

Cuentan las crónicas que a su muerte, sus vecinos le dedicaron el siguiente epitafio: "San Ivo era bretón. Era abogado y no era ladrón. Santo Dios: ¡que admiración!." Y es que San Ivo, que había nacido en Bretaña en el año de 1253, se ganó a pulso el título de "abogado de los pobres" gracias a su dedicación a los más desfavorecidos. Tal vez por esta razón y por su recto proceder en su labor como abogado es reconocido en varios países como el patrono de la profesión. Su festividad se conmemora hoy, 19 de mayo, día de 1303 en el que falleció en la localidad bretona de Kermartin, donde había nacido.

Su padre lo envió a estudiar a la Universidad de París y allí, dirigido por famosos profesores de derecho, obtuvo su doctorado como abogado. En sus tiempos de estudiante oyó leer aquella célebre frase de Jesús: "Ciertos malos espíritus no se alejan sino con la oración y la mortificación" (Mc. 9,29), y se propuso desde entonces dedicar buen tiempo cada día a la oración y moderarse en el comer y en el vestir, dedicando lo que ahorraba a los pobres.

Al volver a su tierra natal (Bretaña) fue nombrado juez del tribunal y en el ejercicio de su cargo se dedicó a proteger a los huérfanos, a defender a los más pobres y a administrar la justicia con tal imparcialidad y bondad, que aun aquellos a quienes tenía que decretar castigos, lo seguían estimando.

No contento con ayudar a los que vivían en su región, se trasladaba a otras provincias a defender a los que no tenían con qué pagar un abogado, y a menudo pagaba los gastos que los pobres tenían que hacer para poder defender sus derechos. Visitaba las cárceles y llevaba regalos a los presos y les hacía gratuitamente memoriales de defensa a los que no podían conseguirse un abogado. En aquel tiempo los que querían ganar un pleito les llevaban costosos regalos a los jueces. San Ivo no aceptó jamás ni el más pequeño regalo de ninguno de sus clientes, porque no quería dejarse influir ni inclinarse con parcialidad hacia ninguno. Cuando le llevaban un pleito, él se esmeraba por tratar de obtener que los dos litigantes arreglaran todo amigablemente en privado, sin tener que hacerlo por medio de demandas públicas. Así obtuvo que muchos litigantes terminaran siendo amigos y se evitaran los grandes gastos que les podían ocasionar los pleitos judiciales.

Después de trabajar bastante tiempo como juez, San Ivo fue ordenado sacerdote y los últimos quince años de su vida los dedicó totalmente a la predicación y a la administración de los sacramentos. Consiguió dinero de donaciones y construyó un hospital para enfermos pobres.

Mediante la bula del Papa Clemente VI, dada en Aviñón el 19 de mayo de 1347, exactamente en el 44 aniversario de su muerte, Ivo Hélori de Kermartín fue canonizado y quedó inscrito en el catálogo oficial de los santos por la Iglesia católica,. 

Han llegado hasta nuestros días sus reglas de ética profesional jurídica, conocidas como "Decálogo de San Ivo de Kermartin". El Código Deontológico del Consejo de los Colegios de Abogados de la Comunidad Europea , de 1988, se remite a algunas de aquellas normas, entre ellas la siguiente: "Ningún abogado debe utitlizar, en el patrocinio de los casos que le sean confiados, medios ilícitos o injustos; la demora y la negligencia de un abogado causan perjuicio al cliente y cuando eso acontece, debe indemnizarlo; o para hacer una buena defensa el abogado debe ser verídico, sincero y lógico".

En Kermartin hay una iglesia edificada sobre la que fue su casa de campo donde nació y murió. En su presbiterio se muestra una tela pintada con el texto del testamento en latín y un manuscrito del siglo XIII llamado Breviario de San Ivo. En el cementerio hay un monumento, con un arco en su centro por el que pasan los peregrinos arrodillados. Es la llamada "tumba de San Ivo". Letrados de todo el mundo han llevado allí sus ofrendas.

Decálogo de San Ivo:

I. El abogado debe pedir ayuda a Dios en sus trabajos, pues Dios es el primer protector de la justicia.

II. Ningún abogado aceptará la defensa de casos  injustos, porque son perniciosos a la conciencia y al decoro profesional.

III. El abogado no debe cargar al cliente con gastos excesivos.

IV. Ningún abogado debe utilizar, en el patrocinio de los casos que le sean confiados, medios ilícitos o injustos.

V. Debe tratar el caso de cada cliente como si fuese el suyo propio.

VI. No debe evitar trabajo ni tiempo para obtener la victoria del caso que tenga encargado.

VII. Ningún abogado debe aceptar más causas de las que el tiempo disponible le permita.

VIII. El abogado debe amar la justicia y la honradez tanto como las niñas de sus ojos.

IX. La demora y la negligencia de un abogado causan perjuicio al cliente y cuando eso acontece, debe indemnizarlo.

X. Para hacer una buena defensa el abogado debe ser verídico, sincero y lógico

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